La Batalla de los Soldados


La Guerra de Secesión de los EE.UU. (1861-1865) la conocemos por las películas y poco más. Mientras en los EE.UU. existe una amplísima e inagotable oferta bibliográfica y museológica sobre su guerra civil, los europeos solemos pasarla por alto y desconocemos casi todo de ella. Este problema se extiende incluso entre los aficionados a la historia militar, como es mi caso.

Posición sudista en Missionary Ridge. después de la batalla. Al fondo, Chattanooga.
Subir esta cuesta en condiciones normales no es fácil Si encima te disparan...

El 25 de noviembre de 1863, cerca de Chattanooga, en el estado de Tennessee, tuvo lugar la batalla de Missionary Ridge. A un lado, los soldados de la Unión, bajo el mando del general Grant, que contaba con unos 56.000 hombres. Al otro, el Ejército de Tennessee, a las órdenes del general Bragg, que contaba con unos 44.000 hombres bien atrincherados. 

En septiembre, la Unión había sufrido una severa derrota en Chickamauga y su ejército había tenido que refugiarse en Chattanooga. Las tropas sudistas, al dominar las alturas de Missionary Ridge, tenían Chattanooga al alcance de la mano y los del norte se encontraban prácticamente sitiados. A poco que el Ejército de Tennessee reuniera fuerzas para atacar de nuevo, caería Chattanooga y las fuerzas de la Unión en el Oeste quedarían diezmadas. Así que Grant, nuevo comandante en jefe de la Unión, se propuso poner las cosas en orden en el Oeste y evitar un descalabro. Para eso tenía que tomar las alturas de Missionary Ridge y echar de ellas a los sudistas de Bragg. No iba a ser fácil.

Como Bragg no se decidía a atacar las posiciones de la Unión, fue Grant quien atacó primero. Lo hizo el Ejército de Tennessee del general Sherman (no hay que confundir éste con el Ejército de Tennessee de Bragg) y poco pudo hacer. La posición sudista era sólida y sus tropas se habían atrincherado. Además, Sherman no tuvo uno de sus mejores días y la cosa estuvo a punto de acabar muy mal. Sherman no consiguió más que matar gente para nada.

En esta imagen de la batalla, los oficiales animan a sus tropas a ir hacia delante. 
La realidad no fue ésa.

Viendo que Sherman se había metido en serios apuros, Grant ordenó un ataque en el centro. No pretendía ser el principal ataque, sino uno que distrajera tropas del sur para que Sherman pudiera rehacerse e intentar de nuevo rebasar el flanco enemigo. Las tropas escogidas para ese ataque eran las del Ejército de Cumberland, las que habían sido derrotadas dos meses antes en Chickamauga. El general que las había llevado a la derrota, Rosencrans, había sido sustituido por el general Thomas, amigo íntimo de Grant (había sido su compañero de habitación y juergas en la academia militar de West Point). Nadie esperaba que esas tropas hicieran gran cosa, ni se había pedido que lo hicieran. Se decía que su moral era baja y el plan de Grant no era romper el centro de la línea enemiga, sólo entretenerlo. Pero...

Thomas tenía unos 23.000 hombres formados en cuatro divisiones, una al lado de otra. Enfrente tenía atrincherados a 20.000 sudistas y cien cañones, que no son pocos, defendiendo el cerro de Missionary Ridge. El objetivo de Thomas era asaltar y ocupar la primera línea de trincheras, nada más que eso. De hecho, era una línea de chichanabo, que los testigos de la batalla describen como una línea muy débil. Las posiciones más fuertes eran la segunda y tercera líneas.

Los soldados llegando a la cima del cerro.
Nadie se lo había pedido.

Los soldados de Thomas, al grito de ¡Chickamauga! ¡Chickamauga!, se lanzaron al asalto. Recibieron de lo lindo antes de llegar a la primera línea sudista, pero llegaron... y siguieron avanzando. Los sudistas los ametrallaban y fusilaban de cerca y desde la segunda línea, pero los del norte, al grito de ¡Chickamauga! ¡Chickamauga!, no se detuvieron para nada y siguieron adelante. Algunos oficiales se pusieron a la cabeza de sus tropas en ese avance (mejor dicho, corrieron tras ellas), pero la mayoría de los comandantes gritaban órdenes ¡para detener el ataque! ¡Alto! ¡Alto! gritaban, ¡No hay que ir más allá! ¡Alto, he dicho! Pero los soldados del Ejército de Cumberland pasaban de largo y ya enfilaban la cuesta del cerro. 

El general Grant, boquiabierto, contempló el ataque y preguntó por qué no se obedecían las órdenes que había dado. Sólo había pedido una distracción, no un ataque en toda regla. ¡Los van a matar a todos!, exclamó. Un general le respondió: Señor, a ésos no los detiene ni el mismísimo infierno

En este grabado, los soldados sudistas corren a poner a salvo sus cañones.
Viéndolas venir, que suele decirse.

Aquel ataque podía ser un desastre. Se volvió a ordenar el alto. Pero ¡quiá! Los generales de brigada que conseguían alcanzar a sus tropas (que corrían cuesta arriba ¡delante de ellos!) les daban el alto, sí, pero los soldados seguían adelante, desobedeciendo las órdenes directas de sus superiores. Sólo la brigada del general Wagner, después de perder uno de cada cinco hombres en el primer asalto (es decir, en menos de quince minutos), aceptó retroceder hasta la primera línea de trincheras, pero cuando vio que las brigadas vecinas no se detenían y seguían adelante, dejó atrás a su general (¡Volved! ¡Volved os digo!) y renovó el ataque. ¡Chickamauga! ¡Chickamauga! ¡Nadie nos deja atrás!

¿Qué sucedió? Algo increíble. El centro sudista se colapsó, se vino abajo. Se quebró la línea defensiva y cundió el pánico. No fue una retirada, sino una espantada. Huyeron todos al grito de ¡Sálvese quien pueda! El pánico se extendió a toda la línea y Missionary Ridge cayó en menos de un par de horas, toda la posición. El ataque de las tropas de Thomas resultó imparable, arrollador.

Capturaron 40 cañones y 60 armones de artillería, hicieron unos 4.000 prisioneros y provocaron, entre muertos y heridos, unas 2.500 bajas en las tropas de Bragg. Pero murieron en ese ataque más de 700 hombres y más de 4.000 fueron heridos. Algunos regimientos quedaron reducidos a la mitad de su tamaño de antes de la batalla.

Poco después de la batalla, una trinchera abandonada.

Los historiadores de la Guerra de Secesión dicen que el ataque del Ejército de Cumberland en Missionary Ridge fue one of the most dramatic events of the war (lo nunca visto) y los expertos militares dicen que es el caso más notable en toda la guerra del éxito de un ataque frontal contra un enemigo atrincherado que está en una posición predominante. Yo me atrevería a decir que no sólo es el caso más notable del éxito..., sino uno de los pocos casos donde tuvo éxito una cosa así.

Ya ven. Desobedeciendo a sus generales, pasándose sus órdenes por el forro, los soldados del Ejército de Cumberland ganaron la batalla, dejándose la piel. Por eso, en algunos libros en vez de decir Missionary's Ridge Battle se dice the Soldier's Battle, la Batalla de los Soldados. Un buen nombre para una batalla que no ganaron los generales, si es que alguna vez son ellos los que ganan las batallas.

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