El secreto de la chirimía



Dicen los que de eso saben que las chirimías suenan mejor en Sitges que en otras poblaciones vecinas, las que componen el universo mundo. Sostiene la opinión un indígena, exaltadísimo, que ensalza las virtudes del instrumento como si fuera lira de ángeles. Uno, que es de ciudad, turista, más de blues que de gaitas y ajeno a esa maravilla que, por mucho que insistan, no encuentro, uno, decía, pregunta por qué. ¿Acaso las poblaciones vecinas que componen el universo mundo no saben tocar la chirimía? Además, muchos sopladores de chirimías no son indígenas, sino mercenarios que acuden de más allá de las vías, por cobrar unas pesetillas soplando de fiesta en fiesta.

"Oiga, joven, no sea usted impertinente", es la respuesta más amable con que me obsequian. Que las chirimías se soplan en Sitges como en parte alguna es acto de fe y cita obligada entre indígenas de raíces profundas. El secreto está, me dicen, en cómo se chupa la chirimía antes del soplado, y en el vinillo que se sopla uno antes. Todo, en la justa y debida proporción. Un arte.

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