La palmera de recambio



Me cuentan que la palmera de la rectoría ya tiene un recambio. La antigua llegó a ser el ser vivo más viejo de Sitges y seguramente, el más alto. Creció, creció, creció y un siglo y pico más tarde, cras, se rompió y se precipitó al abismo de la muerte. Por el camino, se llevó la moto del señor alcalde, que la había aparcado justo debajo. ¡También es mala suerte!

Estos días plantaron una señora palmera de tallo más grueso y me cuentan que montaron una ceremonia de bienvenida digna de un dios pagano. Poemas, cánticos, bailes, discursos, fueron brindados a la palmera y al público en un acto más propio de druidas que de personas civilizadas. La palmera, si pudiera hablar, preguntaría aquí cuándo riegan y la fortuna de la vieja palmera de la rectoría fue fruto del azar (llámale destino, si no) y el azar no se repite... o sí. Precisamente, porque es azaroso. 

Suerte, palmerita. Has heredado una maceta que pide mucho de ti y si tienes que llegar tan alto como tu antecesora, yo ya no lo veré. 

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