Cosas de la educación



Una persona que conozco se ha ido a vivir al Perú. Se ha llevado a su hijo consigo, escolarizado en Barcelona. El chaval, quince años, ha tenido que enfrentarse a un examen para evaluar su nivel académico antes de ingresar en una escuela peruana. 

No tenían miedo: era un buen estudiante, sacaba notas brillantes. Pero ha suspendido porque (palabras de la criatura) aquí el nivel es mucho más alto y mis amigos saben cosas que a mí todavía no me han enseñado. La primera, en la frente.

El colofón fue que no han podido matricular al niño en la escuela. ¿Por qué? Porque toda la documentación que remitió el colegio de Barcelona al colegio peruano estaba escrita en catalán. Repito, en catalán, para un colegio del Perú. Lo repito porque tuvieron que repetírmelo. 

La cuestión es que los padres se enfrentan ahora a un papeleo de mil demonios. Tienen que solicitar una traducción válida jurídicamente a la Embajada Española para demostrar que el chaval ha sido escolarizado. La escuela de Barcelona, desde la lejana distancia, se niega a remitirlos de nuevo en español... porque no existen en ese idioma, porque no se había previsto su necesidad (sic) y la escuela no se atreve a traducirlos sin permiso del Departamento de Enseñanza. Así, con un par. Va para largo, si va, el negocio.

El relato del caso me ha dejado estupefacto.

4 comentarios:

  1. JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA

    Permítame la maldad

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    1. Te la permito, pero cuidado con las risas. Imagínate tú en este "fregao". Es demencial.

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  2. Mi risa, querido amigo, es nerviosa


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    1. De los nervios, mismamente, que no hay para menos.

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