El latín ha muerto, ¡viva el latín!



Gracias a la traducción de Fruela Fernández, Ediciones del Subsuelo  ha publicado El latín ha muerto, ¡viva el latín! Breve historia de una gran lengua, que firma el ilustre profesor alemán Wilfried Stroh. El título lo dice todo: hablaremos del latín. Imagino a la mayoría de mis lectores, retrocediendo involuntariamente y exclamando: ¿Latín? Vade retro!

Pues, sí, latín. No es un libro de aventuras, es evidente, pero es un buen libro para aprender un poco más sobre el gran tesoro que cobija esta lengua hoy tan maltratada. Además, como el profesor Stroh, soy partidario de promover el latín como lengua europea, no el inglés, pero los friquis tenemos la guerra perdida y el inglés cuenta con poderosos aliados. La cultura pierde siempre ante la barbarie.

Es un libro entretenido, recomendable y lleno de datos curiosos o revelaciones sorprendentes. Por ejemplo, latín macarrónico viene de lingua culinaria, la lengua (el lenguaje) de los cocineros. En español, pusimos lo de macarrónico con un gracejo y un acierto que, creo yo, nos envidian en el mundo entero. Qué genial idea, la de los macarrones.

Lástima que el profesor Stroh se centre demasiado en Alemania, especialmente en la Edad Moderna, porque me hubiera gustado mucho leer sobre el latín en España en el Siglo de Oro, por poner un ejemplo. Pero es alemán y escribía para los alemanes, está en su derecho. Lo sorprendente es que su libro fuera un éxito de ventas. No imagino ese éxito en España, ahora mismo. Qué lástima, ¿verdad?

Lo dicho: si sienten el gusanillo de la curiosidad, no se sentirán defraudados.

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