
Jack London, por ejemplo, cuando comenzó a ganarse la vida con sus cuentos, dijo que escribir era lo más parecido a unos trabajos forzados, y de ahí el título de la doctora Daria Galateria, Trabajos forzados (Los otros oficios de los escritores), que publica Impedimenta traducido por Félix Romeo.
Es un ensayo ameno y curioso, que rastrea las biografías de algunos escritores y sus trabajos forzados. Unos contemplan la oficina como una liberación; otros, como la propia esclavitud. Los hay que dejaron de trabajar para escribir, y se sintieron al fin libres, y viceversa, abandonaron la escritura para poder trabajar y liberarse. Se dan escritores que fueron hábiles cazadores de focas, eficientes contables, contrabandistas astutos, empresarios de mucho éxito o fracasados, detectives privados metidos en el ajo, vendedores puerta a puerta de funesto recuerdo, trabajadores manuales en una cadena de montaje... Bajo la anécdota, se oculta un mundo complejo e interesante. Es un libro recomendable.
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