La bebida del diablo


La moka, un invento diabólico.

La historia del café en Europa es una historia accidentada. El inicio de su apogeo se inicia en el Sitio de Viena, en 1683. Ya expliqué en otra parte que Marco d'Aviano, padre capuchino, aprovechó el café que abandonaron los turcos en su retirada, hizo con él una infusión y la mezcló con nata, hecho tan meritorio y notable que le valió ser santo y un puesto de honor entre los grandes de la historia de Occidente.

Pero el café no era un desconocido en Europa. Ya se conocía y se bebía en Italia, y luego en España, y de ahí pasó a Francia. Se bebía como una infusión, a la turca o más ligero. Hay que ser muy cafetero para beberlo así, pues exige un paladar muy predispuesto. De ahí la importancia del invento de Marco d'Aviano, que en gloria esté, ese mezclarlo con leche que lo hace tan bueno y civilizado.

El café se empleaba como medicina y como afrodisíaco. Pero estos efectos de la cafeína eran mal vistos por algunos, especialmente por algunos miembros de la Santa Madre Iglesia. En Roma, quién iba a decirnos que precisamente en Roma, se inició un movimiento para declarar el café como una bebida del diablo (o diabólica) y prohibirlo. No sólo tenía efectos sobre el deseo sexual, sino que era una bebida popularísima entre los musulmanes. Ambos eran argumentos más que suficientes para garantizar la prohibición.

Clemente VIII, papa cafetero.

En éstas, sube un papa al Trono de San Pedro, Clemente VIII. El papa Clemente es un papa polémico todavía hoy en día. Por un lado, era avaricioso y tacaño y no perdía la ocasión de hacerse con la fortuna de los demás. Por el otro, gastó mucho dinero en el mecenazgo de pintores y artistas. Era devoto, devotísimo. Eso dicen. Mandó renovar el Índice (Index Librorum Prohibitorum), condenó a la hoguera a Giordano Bruno por hereje, creó la Inspección (que examinaba las obras de arte expuestas en la calle o las iglesias, por ver si iban contra el decoro y las buenas costumbres), etc.

Le fueron con el cuento de la bebida diabólica. Sus consejeros querían prohibir el café de una vez por todas. Pero el papa Clemente VIII declaró, taza de café en mano: Questa bevanda del diavolo è così buona... che dovremmo cercare di ingannarlo e battezzarlo. Traducción libre: Esta bebida del diablo es tan buena... que deberíamos ver cómo engañarlo y bautizarlo. No hay ni que decirlo: no se prohibió el café, que comenzó a ser consumido con cierta afición por los romanos.

¿Es una historia verdadera? Chi lo sa! Se non è vera, è ben trovata! Es decir, que quizá no, pero no importa.

Si nos ceñimos a la historia, podremos descubrir que el papa Clemente padecía algún tipo de depresión, quizá recurrente (en forma de transtorno bipolar) o más posiblemente aguda o crónica, debido a la ansiedad. Se desprende de su comportamiento en el juicio de los Cenci, por ejemplo, pero también de verlo llorar con frecuencia durante las eucaristías, poseído por una pía emoción, que decían entonces. Esos ataques de nervios durante las misas del papa moverían a su médico personal, Andrea Cesalpino, a recetarle café. Este médico fue también botánico y fue el primero en Europa en describir concienzudamente la planta del café y hacer un elogio de sus cualidades y propiedades medicinales. Conocía los efectos de la cafeína y no se le escaparía que el papa necesitaba un estimulante.

Café para dos. Si no es pecado, ¡poco le falta!

Conste que la idea del café como medicina para el papa Clemente es una hipótesis que me ha venido a la cabeza ligando una cosa con otra. Bien pudiera ser que sí, bien pudiera ser que no. Pero no es una idea descabellada y queda bien contar esta historia en una charla de café.

1 comentario:

  1. Interessant història.... i més quan a la boca encara tens el gust del cafè que t'has pres mentre llegeixes aquest article!!!! jo em declaro adicta a la beguda del diable....

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