
El primer canal de TVE, pues, desconectó la programación habitual entre las 19 h. 50 min. y las 20 h. 10 min., para decir que todo había ido muy bien en la fiesta de la democracia (qué expresión más cursi). Luego prosiguió con lo que estaba haciendo y no sería hasta las 20 h. 45 min. que no regresó al asunto electoral, con la emoción de ver quién se llevaba el pato al agua.
En el Senado, el Partido Popular se ha quejado de esta falta de seriedad. Ha sido el senador Agramunt el que ha elevado la voz. ¿Cómo puede uno dejar a todo el país con un ¡ay! en el cuerpo, sin saber quién ha ganado las elecciones, y seguir emitiendo un programa sobre cómo cocinar el pulpo a la gallega? ¿Es acaso más importante la cocina del pulpo que las elecciones municipales y autonómicas?
En efecto, España directo, el programa que se coló en medio de las informaciones electorales, nos explicó a todos cómo cocinar un pulpo. El señor Oliart, que preside eso de la TVE, respondió al señor Agramunt, con gran sentido del humor, recomendándole que no menospreciara el pulpo a feira, y es más: le recomendó el pulpo a la brasa. Añadió, me permito copiar: Es magnífico. A mí me pareció muy bien lo del pulpo.
La cuestión es peliaguda. La cocción del pariente de Paul, nuestro bienamado pulpo profeta, ¿es un acto de ocultación o manipulación de los resultados electorales? ¿Es cierto que el cocinero, un socialista de carné, cocinó al pulpo en cuestión para que no pudiera predecir el resultado electoral, como insinúan los populares? Chi lo sà!
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