Reloj micrófono y grabadora espía suizos


Harry Lime opina sobre los suizos.

En El tercer hombre, Holly Martins (Joseph Cotten) se cita con Harry Lime (Orson Welles) en la gran noria del Prater de Viena. En una de las escenas más memorables de la película, Harry reivindica el crimen y desprecia a los suizos. Dice: You know what the fellow said ---in Italy, for thirty years under the Borgias, they had warfare, terror, murder and bloodshed, but they produced Michelangelo, Leonardo da Vinci and the Renaissance. In Switzerland, they had brotherly love, they had five hundred years of democracy and peace ---and what did that produce? The cuckoo clock

Señor Lime, no descarte el progreso en Suiza gracias al crimen y la maldad. La Confederación Helvética es famosa por guardar el dinero de toda la canalla de la humanidad: tiranos, ladrones, sinvergüenzas, traficantes (de armas, drogas o mujeres), multinacionales tramposas y fauna semejante. ¡No está mal! Nada mal. Su neutralidad, además, le ha permitido hacer negocio con tirios y troyanos, sin escrúpulos morales. Así, por ejemplo, vendió millones de relojes a los dos bandos beligerantes durante las dos guerras mundiales. Ése fue un negocio redondo.


Suiza no se quedó atrás durante la Guerra Fría. El reloj de la fotografía (suizo, pero sin marca) fue empleado por los espías de la Stassi, la policía política de la República Democrática de Alemania, la Alemania socialista, los malos

La RDA fue, en efecto, una tiranía despreciable. No sabría definirla de ninguna otra manera. La principal ocupación de su policía política era espiar a los alemanes del Este para pillarlos en falta, al estilo de 1984 de George Orwell. A Suiza, sin embargo, le daba igual. 

El cronógrafo micrófono y la grabadora espía Nagra NS.
Fíjense qué pequeñita, y eso en 1960.

El reloj de la fotografía servía para grabar conversaciones. Es un cronógrafo de bella factura, fabricado en 1960, que oculta un micrófono. A través de un cable, que corría por debajo de la manga de la camisa hasta algún bolsillo de la chaqueta, la señal del micrófono llegaba hasta una grabadora magnetofónica Nagra. Tanto el reloj como la grabadora eran el no da más de la más moderna tecnología suiza. Eso sí, no podía emplearse el aparato con manga corta o ropa ceñida.

El señor Kudelski y una grabadora Nagra de alta fidelidad.

Todavía no se había inventado el cassette y las cintas venían en una bobina. Stefan Kuldesky, un estudiante de ingeniería, patentó una grabadora magnetofónica en los años cincuenta y comenzó a fabricarla, la Nagra I. Era un registrador profesional portátil, tan portátil que muy pronto comenzó a ser utilizado por periodistas y reporteros, incluso por alpinistas (grabó una ascensión al Everest) y astronautas. Los siguientes modelos fueron cada vez más y más pequeños.

Una Nagra  para espías sin la tapa, para que puedan verse las cintas y el mecanismo.

La Nagra de la Stassi empleaba una cinta de un octavo de pulgada, la misma que emplean los cassettes compactos y no tenía motor de rebobinar. Las grabaciones de las Nagra espías eran sorprendentemente buenas. Con todo, los periodistas de radio y televisión prefirieron aparatos más grandes porque la Nagra, al ser tan pequeñita (como una tablet de hoy en día), podía caerse, abollarse y averiarse con facilidad. Pero grabar, grababa muy bien.

Nagra patentó una grabadora a manivela, portátil, que permitía prescindir de baterías.

Quizá no fuera idónea para la agitada vida de un reportero, pero era ideal para las labores de espionaje. Pronto apareció en las películas de James Bond y otras, y los suizos se forraron vendiéndola a la CIA, el FBI, la KGB, la Stassi o quien fuera. Sin manías de ninguna clase. He ahí por qué el Museo de la Stassi en Berlín exhibe ese reloj-espía suizo, un cronógrafo-micrófono conectado a una Nagra NS. Los espías alemanes empleaban las mismas máquinas que la CIA o el MI6, pagadas a tocateja, naturalmente.

Kudelski triunfó en Hollywood gracias a sus grabadoras, quizá las mejores de su época.

Nagra también vendió mucho en Hollywood. De hecho, Kudelski ganó varios premios Oscar por sus avances en la grabación de sonido. Fue, sin duda, uno de los mejores ingenieros de sonido del siglo XX.

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