Psicopatía, ponerología, patocracia y estupidez


El doctor Lecter, psiquiatra y gourmand.

Los doctores Jean Decety, Laurie R. Skelly y Kent A. Kiehl, de las universidades de Chicago y Nuevo Méjico, han publicado Brain Response to Empathy-Eliciting Scenarios Involving Pain in Incarcerated Individuals With Psychopathy en la revista JAMA Psychiatry. El artículo es interesantísimo porque asocia a diversas áreas del cerebro la capacidad de empatía y permite vislumbrar un diagnóstico médico de la psicopatía.

Una cosa me lleva a la otra y recuerdo que la prueba (o test) de Hare (modificada) es la que se emplea actualmente para identificar psicópatas. El doctor Hare escribió un libro, que se encuentra en español editado por Paidós Ibérica (2003), Sin conciencia: El inquietante mundo de los psicópatas que nos rodean. Lo recomiendo.

Fíjense que el doctor Hare estima que una de cada cien personas es psicópata en mayor o menor grado. El doctor Hare nos pone de los nervios al describir un perfil psicológico que está hecho a la medida del mundo de la política y los negocios: personas sin escrúpulos morales, que mienten como respiran, buscan el poder y el beneficio personal a cualquier precio y son grandes seductores. Estremecedor, a poco que piense uno.

Lobaczewski, padre de la Ponerología, en 2003.

Esta locura moral ¿puede ser colectiva? ¿Pueden uno o varios líderes hacer de la sociedad algo malvado? No faltan episodios perversos en la historia de la humanidad que nos inclinen a pensar que sí. Por eso, un psiquiatra polaco, Andrew M. Lobaczewski, inventó una nueva ciencia que bautizó Ponerología. El palabro se emplea en los estudios teológicos que estudian las raíces del mal y la perversidad, pues ponerós, en griego, es mal.

Me da que es difícil considerar que la Ponerología de Lobaczewski sea una ciencia, pero ya hemos visto que los psicópatas pueden tener éxito en nuestra sociedad. Si alcanzan el poder, dice el señor Lobaczewski, se produce la patocracia, que es el gobierno del mal, y eso estudia la Ponerología.

La patocracia no está reñida con la cursilería.
El mal no supone buen gusto ni inteligencia, pues.

Se insinúa que las patocracias están detrás de los períodos de avance de la injusticia social, lo que aproxima las ideas de Lobaczewski a las conspiranoias o teorías de la conspiración, y sirven estupendamente para acusar de enfermo, malvado y criminal y de provocar tiempos infelices a cualquiera que se oponga a nuestra ideología. Se da el caso que echarle las culpas a otro es tanto una aplicación torticera de la Ponerología como un síntoma de patocracia. ¡Seguro que conocen quien va por ahí echando las culpas a Madrid, al Gran Satán, a los mercados, a los chinos, los judíos o los inmigrantes, por ejemplo!

Pero ¿es posible? ¿Existen o han existido patocracias?

El doctor Hare dice que los psicópatas pueden llegar muy alto en los negocios o la política, pero también señala una terrible y patológica falta de constancia de los psicópatas. En esas condiciones, llegar será fácil, pero mantenerse en el poder será más complicado. Además, la rapacidad del psicópata es característica y se descubre tarde o temprano. El psicópata sólo establece alianzas útiles (para él), que hace y deshace sin escrúpulos. No puede trabajar en equipo. Crecerá el número de sus enemigos y disminuirá la probabilidad de sobrevivir. Caerá.

Estos dos ¿son agentes patológicos, patócratas o estúpidos encumbrados por idiotas?

Que exista una patocracia y se defina como una enfermedad de grandes movimientos sociales provocados por agentes patológicos (sic) y que exista una diferencia entre tiempos felices y tiempos infelices dependiendo de si la patocracia está o no está en el poder no me parece que sea una afirmación científica. No puede serlo y verán por qué.

En primer lugar, ¿cómo se demuestra de manera inequívoca que esta teoría es falsa? Es decir, ¿cómo podemos asegurar que un tiempo infeliz se debe a una patocracia y no a cualquier otra cosa? ¿Cómo se define inequívocamente el imperio del mal y qué lo provoca, exactamente? Aparte, cabe preguntarse qué es un tiempo infeliz, si puede ser ocasionado por factores ajenos a la patocracia, en qué se distingue un tiempo infeliz patocrático de uno estándar, etcétera. A poco que uno piense verá que la Ponerología tiene más de Teología que de ciencia.

En segundo lugar, nos olvidamos de la estupidez. Los tiempos infelices permiten una explicación ajena a la patocracia, pues ésta supone inteligencia. De hecho, los peores males surgen de la banalidad y la estupidez.

No hay peligro más grande que un personaje trágicamente estúpido en lo más alto. Miren a su alrededor y comprenderán.

Lo de la foto del pato en una reflexión sobre patocracia es una estupidez inevitable.

 

4 comentarios:

  1. ¡Este blog es una decepción! Al inicio de su lectura hace creer que hará un desarrollo analítico serio. Pero a medida que se va leyendo resulta insulzo, y termina como un chiste. ¡Qué decepción! Se esperaba más, algo realmente serio. Es un insulto a la inteligencia de quien lo lea, una burla. ¡Una pérdida de tiempo!

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    1. Agradezco mucho su comentario y lamento que considere insulso lo dicho. Pero la pregunta sigue en el aire: ¿Es serio eso de la patocracia? Ahí lo dejo.

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    2. Hola Luís Soravilla, si ha de ser posible una respuesta seria, podrías comentar acerca de la filología tanto como acerca de la etimología seria acerca del término ... "patocracia".
      Gracias de antemano por tu entredicho "aporte" a una verdad prevaricada y a manos de quien sea dueño de los medios que le entregan mérito a una manejada realidad acerca de algo que imbuya el bien-estar de quienes estamos bajo las garras de quienes suponen que el dinero es el último medio que indicaría “LA” verdad, misma que, de ser así, no me representaría en modo alguno.
      Pudieras quizás entregarnos Luís, tu percepción respecto de las "vacunas” alopáticas y manejadas como “legalmente obligatorias”, para violar los derechos de cada ser individual respecto de los derechos fisio-corporales inalienables, mismas que en sí y al parecer, serían tan solo una forma más de ejecutar una forma de ilegal "violación" por parte de un grupo monetariamente poderoso, en contra o hacia un desvalido de información o “masa” enfermatólica ... .
      Esperanzado por conocer tu lógica libre Luís, quedo atento a tu comentario respecto de lo antedicho y especialmente acerca de tu percepción respecto del término “Patocracia”.
      A propósito, apuesto a que tienes todas tus vacunas al día, lo digo por la postura que he percibido a través de lo que has logrado volcar respecto de tu enorme descontento sistémico acerca de la libertad individual es decir, de cada humano, siempre y cuando respete ese axioma que dice que tu libertad termina en donde comienza la del otro, pero y ¿te imaginas en donde comenzaría la del otro o bien, es que siquiera te cuestionas respecto de la existencia pura de un “otro”? ... siempre refiriéndonos a eso del individuo y de su libertad respecto de ... en este caso, de los recientemente aparecidos “alópatas” ... (se autodenominan como médicos) ya que a diferencia de ellos que cuentan con algo así como un siglo de existencia comercial, contamos con la medicina verdadera, aquella que tiene muchos milenios trabajando por el bienestar de cada ser, es decir, te hablo desde la medicina verdadera, aquella que sabe y conoce la diferencia entre una primera relación sexual, respecto de una vida sexual posteriormente vivida según tus premisas ... creo que me entiendes Luís.
      Saludos Luís, Cristián.

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    3. Pocas cosas tengo que decir, excepto que me parece que está usted muy confundido.

      Bajo las medicinas "milenarias" la esperanza de vida era de apenas 40 años (25 en el Paleolítico, antes de la agricultura). Lo mejor que le pudo pasar a la medicina fue convertirse en científica y actuar de acuerdo con la ciencia. Hoy en día, en un país más o menos desarrollado, la esperanza de vida supera los 80 años gracias a las vacunas, la potabilización del agua para el consumo humano y las medidas higiénicas, principalmente.

      Soy un fervoroso defensor de la medicina científica y considero que la vacunación ha sido uno de los grandes avances de la humanidad.

      A poco que usted comprenda los principios (científicos, empíricos) en los que se basa la vacunación comprenderá que no vacunar a un individuo pone en riesgo a toda la comunidad. Por lo tanto, no vacunarse por no sé qué cuentos de la libertad es conceptualmente una barbaridad y en la práctica, un peligro para todos. Soy de los que defendería sin tapujos ni complejos la vacunación obligatoria (repito, obligatoria) de ciertas enfermedades. No me avergüenza decirlo.

      Si defiendo la medicina científica, queda claro que quedan fuera de la ecuación tonterías como la acupuntura, la homeopatía, el psicoanálisis, la bioneuroemoción, la aromaterapia, el reiki y demás, que son tomaduras de pelo más o menos elaboradas.

      La libertad es imposible si no se va con la verdad por delante y no nos regimos por la razón. Las creencias o los sentimientos han de dejarse a un lado frente a la evidencia científica y razonable en cuanto a la gestión de la política y la república (lo que es común y es de todos). Si mi "libertad" pone en peligro este ejercicio ilustrado de la política y lo público, no es libertad, sino otra cosa.

      Puertas adentro, mientras no ponga en riesgo a los demás ni los perjudique ni les prive de las mínimas libertades a las que uno tiene derecho, allá cada uno con sus creencias e identidades. Eso también es libertad.

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