
En una de las últimas manifestaciones en El Cairo, un grupo de personas, provocadores del ejército según unos, fanáticos religiosos según otros, arrojaron botellas de gasolina contra el edificio, que prendió fuego y ha quedado reducido a cenizas. Otros manifestantes, espontáneamente, han intentado salvar lo que han podido, que ha sido poco, no más de treinta mil ejemplares.
¡Qué desastre...!
En fin, lo que digo siempre: empiezas quemando libros y acabas quemando personas.
¡Es un desastre mayúsculo!
ResponderEliminar¿Por qué no enviamos soldados británico, vestidos con el uniforme colonial de Egipto, para poner orden? Además de eficiente sería precioso