
Aquí comienza la anécdota. Tank acabó la guerra en zona aliada, pero los soviéticos habían quedado muy impresionados por los últimos aviones del ingeniero. De hecho, habían capturado una fábrica de la Focke-Wulf y la estaban trasladando pieza a pieza a los Urales. También habían formado una escuadrilla con algunos FW 190 D-9 capturados (que volaron para el Ejército Rojo hasta el final de los años 50). Pero querían a Tank, para poder aprovecharse de sus diseños de cazas a reacción.
Se organizó una cita en Berlín. SMERSH, la agencia más terrible y secreta del espionaje soviético bajo Stalin, se encargó del asunto. Ofrecieron a Tank un puesto directivo, todas las facilidades y comodidades y un gran sueldo si trabajaba para ellos. Tank se dejó tentar, pero señaló que le gustaría llevar consigo a algunos de sus colaboradores (pues los aviones no se diseñan solos). Necesitaría dinero para convencerles, dijo.
Hubo una segunda reunión. SMERSH puso diez mil marcos sobre la mesa (una pequeña fortuna) para que convenciera a sus ingenieros. Tank se marchó prometiendo regresar con ellos... pero nunca más volvió.
Corrió el rumor en SMERSH que los ingleses se habían enterado y le habían ofrecido más dinero a Tank para que trabajara para ellos. Pero... no. Tank, sencillamente, había cogido el dinero y se había largado bien lejos y deprisa. Algún espía de SMERSH acabó picando piedra en Siberia por culpa del ingeniero, seguro. No se volvió a hablar más del asunto.
Kurt Tank había comprado un pasaje para Argentina. Lo que hizo allí también merece unas líneas, pero ésa es otra historia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario