
Me llega una carta de la empresa, la abro, me bombardean a gráficos. Con todo detalle, veía cuánto había consumido los últimos meses, y qué había consumido: un tanto por ciento de sopitas de sobre, un tanto por ciento de alcachofas, un tanto por ciento de galletas, un tanto por ciento de leche... ¡Caramba! La vida privada (mi vida privada) hace ya tiempo que pasó a la historia.
Da un poco de grima enfrentarse a algo así.
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