Te veo mal (el curandero del papa)


Uno no va al médico para decirle: Mire, doctor, que vengo porque me encuentro estupendamente y la mar de bien. Otra realidad médica es que, a una cierta edad, uno suma achaques y seguro que algo va y le duele, le molesta o le amarga la vida. Estas dos premisas (casi) universalmente válidas son explotadas por toda clase de videntes, curanderos y sinvergüenzas que se apresuran a decirle a uno: Te veo mal

Si no es el Te veo mal, será un Me parece que algo no anda bien, un He visto que tiene un problema o algo parecido. Hay que hablar el primero. No hay que preguntar ¿Le duele a usted algo?, sino afirmar Veo que tiene un dolor... y poner la mano encima de la frente, como si ese descubrimiento saliera de ahí. Hay que pronosticar la falta de salud antes que la exposición de la víctima. No falla nunca.

Se pone tal que así, te mira a los ojos y te dice: Te veo mal. No falla nunca.

Esta disertación surge de una noticia que me ha puesto de mal humor. Cuentan los periódicos que el papa Francisco, cuando era cardenal Bergoglio en Buenos Aires, acudió a un chino. Más exactamente, a Liu Ming, que se hace llamar médico tradicional (chino), que no es médico, sino acupuntor y quiropráctico. El señor Liu Ming ha anunciado que pronto viajará a Roma porque, según sus propias palabras, algo no está bien (sic). 

Eso declaró en la revista Noticias, y añadió que se sentía preocupado (sic) por el estado de salud del papa. Cuenta Liu Ming que le había escrito en mayo y que recibió una respuesta no hace mucho. En la carta del papa no se menciona ningún problema de salud y eso preocupa mucho al curandero, porque eso es señal inequívoca, dice, de algún problema de salud. Me ha respondido por algo, afirma, por eso quiero verlo.

Quizá le haya respondido por educación, por amistad, incluso. Quizá no menciona ningún problema de salud porque se encuentra realmente bien. Quizá, digo yo. Pero, lo dicho: el papa Francisco, mal que nos pese, es mayor (he estado a punto de decir que es un anciano) y sufre achaques. Es lo normal, y más normal será que los tenga sometido a la presión y el trabajo de un papado, que no es moco de pavo. Seguro, seguro, seguro, que le duele o le molesta algo, o que siente una desazón de vez en cuando. ¡No hay para menos! Pero el señor Liu Ming saldrá al rescate, ya verán. Al menos, lo intentará.

Cuenta el señor Liu Ming que conoció al entonces arzobispo porque un día le llamó para que acudiera a su despacho en Buenos Aires. Al parecer, un sacerdote, víctima (perdón, paciente) del quiropráctico acupuntor le había hablado del señor Liu Ming al cardenal Bergoglio y éste pidió verlo. ¿Qué hizo el chino nada más entrar en el despacho del arzobispo? ¡En efecto! ¡Lo han adivinado!

Inmediatamente noté que había cosas que no estaban bien y se lo dije, confiesa Liu Ming a Noticias. El arzobispo le mostro, prosigue el chino, un cajón lleno de pastillas (de todos los colores y tamaños, afirma Liu Ming). El señor Liu Ming... Que lo explique él mismo. 

Fue entonces cuando le propuse hacer una prueba: que mientras hiciéramos el tratamiento él dejara de tomar las pastillas. Así tuvimos la primera sesión y me fui. Al segundo día lo llamé para ver cómo estaba y me dijo que perfecto. Al menos hasta que se fue al Vaticano no había tomado ningún medicamento más. Literal.

¿Qué males padecía el hoy papa? Los médicos del Vaticano han dicho que es un hombre sano que goza de muy buena salud. Sólo consta que sufrió una intervención quirúrgica cuando tenía 21 años, donde se le extirpó parte del pulmón derecho, pero los médicos sostienen que sólo sería preocupante en caso de una infección respiratoria grave. Por lo demás, todo lo bien que puede estar el chavalote.

Pero el señor Liu Ming opina diferente. Tenía varios problemas, incluso del corazón. Si ahora no los tiene... Su equipo de médicos quería operarlo, pero él no quería. Tomaba muchas pastillas no sólo para el corazón, sino también para la sangre y la diabetes, sigue diciendo. 

Como ahora no tiene ni afecciones cardíacas ni diabetes ni nada de eso, cabe suponer lo siguiente: a) que el señor Liu Ming le curó o b) que no estaba realmente enfermo. 

Lo lógico es preguntarse ¿era el cardenal Bergoglio un poco hipocondríaco? No es nada reprobable, es humano y bajo ciertas condiciones, hasta normal. Uno sospecha de su hipocondría si rememora la escena del cajón de su escritorio lleno de pastillas. También, por llamar al señor Liu Ming. Uno acude a un curandero cuando los médicos no le han respondido como uno quería que respondieran. Eso sucede cuando uno se muere o cuando realmente no tiene problemas de salud, sino hipocondría, ansiedad o quién sabe. Que no se moría es evidente.

Ni siquiera los acupuntores chinos más optimistas creen que la acupuntura puede curar las cardiopatías o la diabetes. A la Asociación China de Acupuntura (el colegio oficial de los acupuntores chinos) me remito. Pero el señor Liu Ming es más atrevido que sus colegas. Afirma que lo dejó (cito) en perfecto estado. Gracias a sus curas, el papa podría llegar a vivir hasta 140 años (sic). Modestia aparte, añado.

Los periódicos no dan tanta importancia a las declaraciones de los médicos del Vaticano que hemos mencionado, pero tampoco a los familiares y amigos del papa, que han declarado una y otra vez que Jorge Mario Bergoglio ha sido siempre una persona sana y está todo lo bien que se puede estar. El que había sido portavoz del Arzobispado de Buenos Aires, don Guillermo Marco, menciona los achaques propios de la edad. Habla explícitamente del lumbago. Por eso camina medio torcido (dice). Pero está sano, resume después.

La noticia es la del curandero chino, Liu Ming, que llegó a Argentina en 2002 y se puso a pinchar y masajear al personal. Hoy, la consulta del señor Liu Ming está llena y el chino se está forrando, a tanto la consulta, pues ¿no había sido el médico del papa? ¡Le ha tocado la lotería!

Dice Liu Ming del papa: Es una persona muy espiritual. [...] Bergoglio es un gran sabio, como la medicina china, dice. Sí, es un gran sabio, un hombre muy espiritual, lo digo en serio y con admiración, pero también un caso típico de paciente de la pseudomedicina, porque hasta el más sabio puede ser víctima del engaño y él no iba a ser menos. 

Gracias a Dios que Bergoglio estaba bien de salud y no enfermo de verdad cuando acudió al chino. ¡Gracias a Dios!

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